En dos meses siguiendo por tierra la Ruta de la Seda, crucé desde China a las praderas de Kazajistán, trepé por las montañas de Kirguistán, recorrí en tren Uzbekistán y crucé el Mar Caspio en ferry. Al bajar del barco, tuve una clara sensación de haber dejado ya atrás Asia para entrar por fin en las puertas de Europa: el Cáucaso.

El Cáucaso es una zona de límites complejos, así que aclaro que en este artículo me refiero solo a Azerbaiyán, Georgia y Armenia.

Hablar del Cáucaso trae todavía a mucha gente recuerdos de guerras e inestabilidad política. Los países de la zona son ya, sin embargo, versiones muy diferentes y desarrolladas de las que veíamos en las noticias hace un decenio.
¿Cómo es el Cáucaso hoy para un turista? Azerbaiyán es una potencia camino al lujo y la ultracontamintación por gracia de los petrodólares. Georgia está ya en las rutas de turismo tradicional. Armenia sigue siendo aún un desconocido, bello y muy barato. Los tres países tienen servicio de transporte público muy eficiente y son paraísos del autostopista.
- Si eres de la UE no necesitas visado para Georgia ni Armenia; solo debes obtener un visado online para Azerbaiyán.
- Ciertas tensiones sí perduran en las fronteras, así que no puedes cruzar directamente entre Azerbaiyán/Armenia. Debes pasar por Georgia. Tampoco puedes cambiar moneda de un país en el otro, debes hacerlo en Georgia.
- La zona en realidad contiene dos regiones más: la República autónoma de Najicheván (actualmente reconocida como parte de Azerbaiyán) y la República de Artsaj (o Nagorno Karabaj). Puedes pedir un visado para visitar esta última zona, pues de hecho Nagorno Karabaj es una zona muy bella y rica culturalmente. Además, visitarla puede ayudar a entender el conflicto que afecta a esta región independiente, habitada por azeríes pero que ningún país reconoce de manera oficial (las causas del conflicto las explica muy bien el viajero @periodistan).
Azerbaiyán
Agosto, 2019: mientras su coche corría entre campos de extracción de petróleo, la mujer que nos había recogido en la carretera presumía: «Toda la belleza de este país, se la debemos al petróleo»… Lástima que cinco minutos después, esa misma patriótica conductora nos alertara, horrorizada, de que NO fuéramos bañarnos a las playas cercanas, porque estaban demasiado contaminadas. ¡Ah, las paradojas de los petrodólares!
Azerbaiyán es un país musulmán que me atrevo a definir como el nuevo Dubái. Subido al tren de la extracción de petróleo, el país se ha convertido en una potencia del lujo en apenas diez años. Su capital, Bakú, es una París del Este donde mezquitas, murallas, rascacielos y centros comerciales de iluminación delirante compiten entre sí. Si te gusta la fiesta y los cafés híptsteres, Bakú es tu ciudad.
Además de entregarte al capuccino y las compras, puedes pasar un día en las playas del norte o sentarte en un parque y disfrutar en un picnic de la comida y oferta de vinos asequibles. Si te apetece algo más especial, el Hilton tiene un bar con terraza rotatoria (unos conocidos propusieron ir y debo decir que los diez euros aproximados por una cerveza, bien valieron la pena por las vistas nocturnas).

Si te gusta el senderismo, Bakú también es un buen punto de partida para clásicas excursiones motañesas a Quba o Khinaliq (pero no puedes combinarlas, debes ir primero a un lugar y luego al otro, o elegir). Yo hice autostop por el norte parando en la bonita Sheki (donde recomiendo no tanto su comercializado caravansar, sino su mercado local al oeste de la ciudad).
Las rutas de buses funcionan muy bien, y el autostop aún mejor. Para llegar desde Sheki a la frontera con Georgia a dedo tuve que hacer varias paradas y pagar un taxi los últimos kilómetros justo antes de la frontera, sin embargo fue una de las experiencias autoestopistas más fantásticas que recuerdo (especialmente el tramo en que unos repartidores de chocolatinas me recogieron, de modo que fuimos juntos haciendo su ruta, parando en iglesias y mezquitas a hacernos fotos juntos).
Georgia
Que Georgia es un paraíso natural y una potencia culinaria/vinícola no es un secreto para nadie a estas alturas. El país presume de montañas con glaciares cerca de los cuales se puede hacer senderismo. Además, su comida, abundante en guisos contundentes y dulces, se acompaña de interesantes vinos sin filtrar.




Tiflis, la capital de Georgia, tiene el centro urbano más bonito y disneificado que un viajero pueda disfrutar/sufrir. Desde el castillo Narikala, se observa el río Kura discurrir entre puentes de vanguardia y tejados de ensueño medieval, junto a cúpulas de saunas y carísimos baños de sulfuro. Tanta belleza viene, claro, acompañada por una marea de turistas y tiendas de suvenires que exhiben ristras de churchkhela (lo que se ve arriba en la foto, frutos secos recubiertos en jugo de frutas).
Tiflis es interesante porque tras el hiperturistificado centro, la ciudad sigue tal cual: barrios y barrios de casas con patios vecinales, un tráfico infernal y mercados de frutas y verduras tan bonitos como el Dezerter Bazar. La comida, además, es insuperable en lugares como Retro y se pueden hacer degustaciones de vino en montones de bares.
Antes de llegar a Tiflis yo hice un viaje de varios días por Telavi, la región del vino de Georgia (y mi región favorita). La ciudad de Telavi en sí es muy interesante y más tranquila que Tiflis, pero además sirve como punto de partida para visitar viñedos y hacer degustaciones. El vino georgiano se produce de dos maneras: a la europea o a la tradicional (una preparación muy antigua que consiste en poner la uva con pellejo durante un par de semanas en grandes jarras de barro, separar luego el pellejo y dejar por fin la gran jarra enterrada durante los meses de invierno bajo tierra… el resultado es un vino sin filtrar, seco, a veces muy rudo). Yo visité las comerciales bodegas Shumi (10 euros, bien los vale) y un proyecto muy especial Temi Community (una comunidad de personas enfermas o en riesgo de exclusión que con ayuda de voluntarios lucha por mantener su independencia económica creando sus propias manualidades y vinos).
La bellísima región de Mestia (y su famosa ruta de senderismo de 3/4 días de Mestia a Ushguli) merece un post entero por sí misma: es una ruta muy bella y recomendada para cualquier edad/condición, pues incluso hay hostales en los que alojarse/comer por las noches por unos 20 euros (aunque si volviera a hacerla, llevaría mi propia comida y tienda de campaña para disfrutar de más libertad… Por cierto, la foto que encabeza este post es, precisamente, un momento del tercer día de trekking). Eso sí, llegar hasta Mestia requiere tiempo (tren nocturno a Zugdidi, más cuatro horas de bus), pero la belleza de las montañas bien lo vale. Por cierto, otro punto mucho menos comercializado para hacer senderismo independiente es Stepantsminda.
Armenia
Cierto, Armenia no tiene los paisajes apabullantes ni las ciudades notables de Georgia, pero la absoluta amabilidad de la gente, lo facísilimo que es desplazarse en autostop, su interesante historia y el hecho de que sea la cuna universal del vino hicieron que este país se ganara mi corazón.



Como explicaba más arriba, no es posible cruzar desde Azerbaiyán a Armenia, ni tampoco entrar desde Turquía… así que para llegar por tierra solo puedes cruzar desde Irán o Georgia. Yo tomé un autobús desde Tiflis (Georgia) hasta las cercanías del precioso lago Sevan (unas cinco horas de viaje con un rápido paso de frontera, incluyendo parada posterior para cambiar dinero y comprar una sim).
El lago Sevan es mucho más bello de lo que yo había imaginado por las descripciones de otros viajeros. Es un pequeño mar al lado del cual se levanta el precioso cementerio de Noratus (con sus jachkars, cruces labradas en piedra, algunas antiquísimas), iglesias y casas de huéspedes tan fantásticas como The Lichk Lodge (nunca recomiendo hostales, pero esta familia es maravillosa).
Respecto a ciudades, mis recomendaciones van para Gyumri, un pequeña ciudad de arquitectura rusa decimonónica con montones de carisma, iglesias y cafés por la que pasear tranquilamente durante uno o dos días. Yereván por su parte adolece de cierta falta de carisma y monumentos propios, pero de nuevo los locales son amabilísimos y, además, es la puerta para visitar el templo romano de Garni (que es diminuto para el enorme precio de la entrada, aviso) y el fabuloso templo de Geghard (su iglesia principal está excavada en pura roca, y la luz que hasta ella se cuela parece sobrenatural).
Respecto a visitar el Ararat u otros templos como Khor Virab, mi recomendación es invertir el tiempo en cruzar el paso de montaña entre Martuni y Yeghegnadzor para visitar gratis el Caravansar Orbelian: un último resto de la Ruta de Seda conservado casi intacto debido a su aislamiento en mitad de unas montañas que permiten vistas de vértigo.
Lo que debes saber
- Idiomas. Como en toda la Ruta de la Seda, el ruso es el idioma que te permitirá entenderte con todos (solo algunos jóvenes georgianos rechazan hablarlo para manifestarse en contra de Rusia). Bastante gente habla inglés, sobre todo jóvenes.
- Dinero. Los cajeros en las ciudades aceptan tarjetas internacionales Visa/Mastercard y es fácil cambiar dólares o euros.
- SIM. En cada frontera abundan tiendas de sim que puedes poner en tu teléfono y dejar funcionando al momento. Cada país y compañía es diferente pero por menos de diez euros puedes tener una sim con datos para varias semanas.
- Desplazarse. Los autobuses/minivanes (y el tren en Georgia) son abundantes y baratos, aunque muchos sólo salen cuando se llenan y llegan a la hora que buenamente pueden. Yo principalmente me moví en autostop, que es tremendamente popular. Los camiones sobre todo paran mucho y los conductores están encantados de intercambiar historias en rudimentario rusinglés.
- Apps. Imprescindible usar Maps.me para encontrar tu camino en las ciudades. Couchsurfing también te puede ayudar a quedarte en casa de familias locales.
¿Quieres hacer la Ruta de la Seda? En dos meses puedes viajar desde China a Kazajistán, Kirguistán, Uzbekistán y, además, cruzar el Mar Caspio en ferry.
