La ruta de la seda (III): Kazajistán

Si acabas de llegar, echa antes un vistazo a por qué viajar por los -istanes. También puedes leer cómo viajar por la Ruta de la Seda en China. O incluso tal vez quieras saber ¿quién soy yo?

Kazajistán es un gigantesco país ocupado sobre todo por estepas que parecen no tener fin. Si lo miras en un mapa, te sorprenderás de la cantidad de territorio que ocupa y lo poco que sabemos de él; a la mayoría, nos suena sobre todo por el desaparecido mar de Aral, por la estación espacial de Baikonur y por las extravagancias arquitectónicas de Astaná (capital reconvertida en Nur-Sultán en honor y gracia de su casi eterno expresidente, que ha tenido el detalle de dimitir dejando al país ansioso por más cambios).

Almaty

De primeras, no me suelen interesar demasiado las ciudades, prefiero los pueblos o la naturaleza, pero hasta a mí Almaty me pareció una ciudad con personalidad, un cruce interesante entre lo soviético, lo asiático y lo europeo (una definición que, por cierto, sirve bastante también para los kazajos mismos: unos rubísimos, otros de aspecto totalmente chino, los otros morenos y con ojos rasgados pero verdes… vamos, tal vez la gente de aspecto más diverso del mundo).

En Almaty no hay grandes atracciones pero es genial para pasear, tomarse unos cafés y echar unas horas en los baños públicos de Arasan: por muy poco dinero (precio según día y hora) te puedes pasear desnudo por saunas turcas, darte unos cubazos de agua frías, hacerte unos largos en la piscina y frotarte con ramas olorosas hasta quedarte más exfoliado que un bebé (ojo, parejas, en estos baños rige la separación por sexos, así que es más una experiencia para ir con amigos del mismo sexo o darse un caprichazo una sola, como hice yo).

Puedes usar Almaty como punto de acceso/llegada a China. Los buses o trenes que conectan Almaty (Kazajistán) y Urumqi (China) ofrecen tal vez la ruta internacional para entrar en China por tierra con menos líos burocráticos. Mi tren salió un sábado noche desde Urumqi, llegó el siguiente domingo noche a Almaty y entre tanto paró unas seis horas en la frontera, sin más motivo aparente que molestar a los viajeros, pero la verdad es que fue un trayecto confortable y con paisajes interesantes.

El sureste

Kazajistán, como decía, es gigante y está bien conectado por tren. De primeras, había pensado pasar por Turkestán, pero mis planes cambiaron y me quedé en la parte más turística del país: el Este. Allí está el Parque Nacional de Altyn Emel (mejor para visitar si tienes coche propio), el cañón Charyn y los lagos alrededor del pueblo de Saty.

En el Este yo me moví sobre todo en bus, taxi compartido (vas a la estación de bus, dices donde quieres ir y una nube de conductores te dirigen a una furgoneta que sale cuando está llena) y autostop (en esta parte del mundo, los locales hacen autostop continuamente pero pagan siempre al conductor; no esperes un trato especial por ser extranjero, no seamos begpackers).

Para llegar al cañón Charyn no hay autobuses, así que un taxi compartido me dejó en un pueblo cercano y después hice autostop (mi primer coche resultó ser el de un grupo de amigos donde hasta el conductor iba bebiendo cervezas… fueron muy amables e insistieron en darme sus contactos por si tenía algún problema, pero me bajé del coche lo antes posible). Charyn es un cañón bastante vistoso y aislado con una zona de acampada preciosa donde puedes pasar un par de días explorando y hasta hay un bar en el que comprar agua si te quedas sin ella.
Haciendo senderismo por Charyn yo me dediqué a ignorar los carteles de ¡peligro! hasta que llegué a una grieta por la que, horror, cayó mi móvil; lo pude recuperar sano y salvo pero en el proceso casi me rompo la crisma, me rasguñé hasta el alma y reventé mi libro electrónico, así que aprende de mis errores y ten cuidadito.

Estando en Charyn me uní a un par de belgas que me llevaron hasta el pueblo de Saty, donde nos quedamos en una casa local de las montones que hay para protegernos de la lluvia nocturna (por 8.000 som te dan cama, cena y desayuno). Desde allí las atracciones principales son el lago Kaindy y, mis favoritos, los lagos de Kolsay. Desde Saty necesitas un taxi compartido o un poco de autostop para llegar hasta el primer lago Kolsay, pero luego puedes hacer senderismo durante unas tres o cuatro horas hasta llegar al segundo lago, el más grande y bello. Allí puedes acampar de nuevo para volver al día siguiente.

Desde Saty puedes arriesgarte a seguir al este para cruzar a Kirguistán (pero asegúrate de que el paso está abierto, pues no es muy transcurrido) o volver sobre tus pasos y regresar a Almaty para explorar el resto de Kazajastán o cruzar a Kirguistán por la cómoda frontera entre Almaty-Bishkek.

Lo que debes saber

Idiomas. Todo el mundo habla ruso y kazajo (que está emparentado con otras lenguas túrquicas, así que si hablas turco, te vas a poder entender con la gente), además algunos jóvenes pueden manejarse en inglés.

Dinero. Los cajeros aceptan tarjetas internacionales y es fácil cambiar dólares o euros. No es un país caro para estándares internacionales aunque el alojamiento puede llevarse una buena parte de tu presupuesto (8.000 soms por noche en casa de huéspedes familiar con cena y desayuno en 2019).

SIM. Yo me compré una sim con datos nada más entrar al país y me funcionó a la maravilla… hasta que me alejé unos kilómetros de la ciudad; vamos, que creo que no he visto un país donde internet móvil sea taaan barato y la cobertura taaan mala.

Desplazarte. Alquilar un coche sea tal vez la mejor manera de explorar este enorme país, aunque aviso que puedes esperar ser parado por la policía de manera aleatoria y deberás mantenerte firme si no quieres pagar un soborno tras otro.

¡Apps! Imprescindible bajar 2GIS para utilizar el transporte público en las ciudades y Yanta por si necesitas un taxi.

¡Sigue leyendo sobre la Ruta de la Seda y Kirguistán!

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