Backpacking Venezuela in 2023 as a solo female traveler

I’ve spent one year and a half digital-nomading/backpacking around the Americas and, on June 2023 I decided to take a 2 week holiday in Venezuela. I found virtually no information online, so I hope this can be helpful.

Some weeks before the trip, I contacted locals in Venezuela through Couchsurfing and they helped me immensely with updated information. During my visit, the economy was almost dollarized, and international credit cards would work at shops but not at ATMs. Near the Colombian border, Colombian Pesos, dollars, and bolivars were widely accepted. You could pay with a dollar note and receive all the change in bolivars. I took small denominations of dollars for the trip, as I knew getting change for a 20-dollar bill was almost impossible, even in larger shops.

Regarding accommodation, there are hotels across the country, but not backpackers hostels. This mean I could find rooms for 20-30 USD per night, but not cheaper. I used Couchsurfing everywhere except at the beach in Choroní, where I found lots of budget places available. According to my experience, Venezuelans are likely the most generous people on the planet, so it was relatively easy to find amazing hosts.

Although the country’s situation has improved compared to a few years ago, prices in Venezuela are generally higher than in Colombia. Furthermore, there are constant power outages, and gas stations might run out of gas at any given moment. Despite these issues, I found the country to be pretty safe (safer than Cali in Colombia, for example). To avoid attracting attention, I left my backpack at a hostel in Colombia and traveled to Venezuela with a day pack, carrying just some clothes and a book. Personally, I think this decision served me well during the trip, as I was able to move around the streets unnoticed.

I crossed the border from Colombia to Venezuela in Cucuta. It’s a very busy border with efficient officers. I stamped my passport out of Colombia, walked the bridge to Venezuela, and queued to get my stamp into Venezuela. As a Spaniard, I didn’t need a visa, but I did have to show proof of a hotel booking and proof of my intention to leave the country. What I showed was a budget that I had requested from a hotel in Mérida, and a bus ticket from Cucuta to Medellin, and that seemed to satisfy them. It is possible to use an invitation letter instead of a hotel booking, but I didn’t want to risk getting anyone into trouble with immigration. No proof of Covid vaccination was requested. When asked why I was traveling to Venezuela, I simply said, «for tourism» and mentioned a few tourist spots I wanted to see. After about five minutes, my passport was stamped.

From the border I took a shared taxi to San Cristobal, where buses to other parts of the country depart. The border crossing itself wasn’t a big deal, but I knew the checkpoints from the border to San Cristobal could be a bit tricky. Locals with large bags (often returning from buying supplies in Colombia) are sometimes stopped and asked for small bribes. Personally, I wasn’t stopped when entering the country, nor were any of the other foreign travelers I met in Venezuela.

Bus travel was generally straightforward, although it’s impossible to check schedules online. I had to wake up early, head to the bus station, and buy my tickets there. Another issue was the current gas shortage affecting the country, which meant that many scheduled buses wouldn’t leave until they had enough passengers. In Caracas, I met a traveler from Brazil who had been hitchhiking across the country and had nothing but good experiences. For shorter city trips, I used the Ridery App, the local equivalent of Uber.

Along the trip I didn’t find any major security problem, and I enjoyed the nature and the cities. If power outages were not such a problem, I would have thought of coming back to Colombia to fetch my computer and stayed longer at the country.

To leave Venezuela, I took a night bus from Caracas to the border with Cucuta. That trip was the only headache of my whole trip. We were stopped at seven checkpoints throughout the night, and officers checked our IDs. I was the only foreigner on the bus and the only person asked to disembark three times throughout the night. Officers searched my belongings and tried to convince me that I was missing some documents (proof of Covid vaccination, an invitation letter, a flight ticket…). They were simply trying to coax a bribe out of me, but I stood my ground until they let me go. The bus driver and the rest of people I was travelling with were extremely supportive and ready to wait for me as long as necessary.

At the border I stamped my exit in Venezuela and crossed back to Colombia.

Mis padres me prohibían leer novelas y ahora soy doctora en literatura

“Hija, llevas una hora leyendo el libro ese, te va a dar dolor de cabeza. Mejor déjalo y ve un rato la tele”, mi madre.

Esta es una historia privada, una anécdota familiar de esas sobre las que se hacen bromas en las reuniones de Navidad, pero cada vez que menciono entre mi círculo de amistades que mis padres me desaconsejaban leer y que se inventaban cosas como que leer demasiado me iba a dar dolores de cabeza, despierto miradas de incredulidad y ansias de saber más. De saber, primero, por qué mis padres sentían tanta animosidad por la ficcióny, segundo, por qué alguien criado en un entorno con una profunda desconfianza por el libro acabó en filología, con un doctorado en literatura y ganándose el pan como editora.

Mis padres: contra la ficción

Bueno, hay algo que necesito dejar claro primero: mis padres se criaron en la más remota Edad Media. Estoy hablando de esa Edad Media que se vivió en la España rural de la posguerra, donde pocas cosas habían cambiado desde el tiempo de los romanos más allá de que ahora había que ir a misa los domingos, pagar 5 duros de multa si te pillaban besándote con el novio, sufrir un año de luto encerrada en casa si se te moría el novio (esto le sucedió tal cual a mi madre a los veintipocos) y donde para poder bailar con el mozo que te tiraba los trastos en las fiestas del pueblo debías acudir con tu madre de carabina (así se hicieron novios mis progenitores a los veintimuchos).

Insisto, estamos hablando de una zona de la Guadalajara profunda donde, allá por los primeros años noventa cuando yo era aún niña, las mujeres seguían lavando la ropa a mano en el río (mi madre no tuvo una lavadora en su casa de pueblo hasta el 2000), donde dormíamos en colchones de pura lana de oveja, se meaba en orinal, se bebía agua directamente del botijo, las mujeres no usaban pantalones (mi madre se puso sus primeros pantalones al cumplir 60 años), los hombres comían usando navaja en vez de cuchillo y había un pregonero que de vez en cuando recorría las calles al grito de “Se hace saber de parte del señor alcalde…”.

En este entorno, es más que natural que sucediera lo inevitable: mis padres y toda su generación eran personajes de El Quijote. Quiero decir que eran gente que, como los vecinos de Alonso Quijano, sentían una profundísima desconfianza hacia esa forma de insidia que hoy en día llamamos “ficción”. Al fin y al cabo, según insistían mis padres, las cosas que uno lee o que ve por la tele o son verdad o son mentira: las noticias del periódico son verdad, el partido de fútbol es verdad, la corrida de toros que ponen en la sobremesa es verdad; pero las películas de aventuras, las novelas románticas, los cuentos para niños… sus historias no son verdad, y si no son verdad solo cabe concluir que son mentira. ¿Querrías tú que tu hija creciera leyendo mentiras?

“No sé por qué veis tantas películas, si lo que cuentan es todo mentira”, mi padre.

(Me siento muy tentada de hacer aquí un aparte para explicar cómo uno de los motivos por los que hoy en día más AMO a mis padres es por ser trozos vivientes del medievo y por su profunda desconfianza hacia la literatura como una forma bastarda y mentirosa de escritura, un pasatiempo por el que los autores debían disculparse. Pero en vez de liarme con eso ahora solo os voy a remitir a esto que ya escribí sobre por qué la ficción es mentiray voy a seguir ahora con lo mío).

Diccionario de Autoridades (1732): FICCIÓN. Simulación con que se pretende encubrir la verdad, o hacer creer lo que no es cierto.

El caso es que este entorno familiar no era el mejor para criar a una chavala que quería leer. En mi casa solo había una docena de novelas (las que obligaban a comprar a mis hermanos para leer en el instituto) y una de esas enciclopedias familiares educativas que tan de moda estaban en la época (con sección de sexualidad explicada a los niños incluida). Y todo eso fue lo que me leí unas doscientas veces (recuerdo haberme leído con unos doce años cosas como Historia del Abencerraje y la hermosa Jarifa sin haber entendido una sola palabra, solo porque todo sonaba bonito). Por eso puedo decir que las bibliotecas me dieron de mamar intelectualmente.

Años más tarde, el día en que llegué a casa del instituto con una matrícula de honor que me iba a pagar todos los gastos del primer año de carrera y en que les dije a mis padres que iba a estudiar filología, ellos me dijeron que vale, pero que si no quería hacer mejor un módulo de peluquería, que de eso siempre había trabajo. Cuando les comenté que me iba a doctorar ellos me preguntaron que para cuándo las oposiciones a maestra. Cuando les dije que tenía un trabajo de editora ellos desconfiaron de que eso pudiera darme de comer. Al menos, según han pasado los años parecen haber cejado en sus desconfianzas.

¿Cuál es la moraleja de esta historia?

La primera desde luego es que invertir en bibliotecas físicas y digitales salva de la hambruna intelectual a muchos chavales como yo en su día. La segunda es que esta idea de que las novelas y las películas molan es una moda, una idea pasajera, algo que nos parece muy bien en este momento pero que puede cambiar en el futuro. La tercera y más importante es que, no, leer no da dolor de cabeza igual que bañarse después de comer no da cortes de digestión; ¡así que a leer novelas todos!

Volver a Bangkok. La misma ciudad, una viajera diferente

¿Quién soy?

En agosto del 2015, Bangkok no era una ciudad sino un estado mental. Un ruidoso laberinto de calles, templos, mercados y aires acondicionados a máxima potencia que pintaba el caos de mi propia encrucijada interior. Bangkok era el punto final de un largo viaje que durante casi un año me había salvado de la depresión laboral para meterme de lleno en la ruptura sentimental.

Me costó tres años de ahorros y meses de indecisión atreverme a pedir un año sabático en mi bien-pagado, mejor-considerado, por-todos-respetado trabajo como editora. Todo con el objetivo de irme a estudiar mandarín a China primero y de viaje por el Sudeste Asiático después. Las consecuencias del paso adelante llegan hasta hoy.

En aquel momento mi viaje tenía un punto final claro: iba a estudiar chino, a sacudirme la rutina, a conocer mundo y luego a volver a mi trabajo y a mi vida en pareja con normalidad. Aquella aventura significaba apenas una pausa en una carrera profesional que me gustaba pero que ya no amaba, que me tenía amarrada en sus rutinas y por la que ya no sentía ni una pizca del amor que profesaba al principio. Mi novio sabía de mis planes de viaje desde hacía mucho y jamás se opuso, al contrario, me animó con cariño e incluso hablamos de vernos en Hong Kong. Poco sospechaba que el desencanto que yo sentía hacia mi trabajo, lo había empezado a sentir él hacia nuestra relación.

La separación física fue una bofetada de realidad que puso la relación al borde del colapso. Él prefería pensar por su cuenta y que yo no regresara por el momento; yo tampoco propuse dejar aquel viaje que tanto esfuerzo me había costado para volver y tratar de poner parches a lo nuestro. En vez de eso, viví en la residencia de una universidad en China, tuve shock cultural durante meses, mejoré a trompicones mi nivel de mandarín, dejé los cursos por adelantado para ir a viajar por Tibet, desde allí fui al sur de China, luego a Vietnam, me encontré con las rutas de turismo masivo (pero vendido como subcultural) para mochileros fiesteros y lo odié, pasé a Camboya, me reencontré con Couchsurfing y lo amé, recorrí las montañas del norte de Tailandia y, por fin, llegué a Bangkok. Traía un billete de vuelta a casa en el bolsillo.

En Bangkok repetí lo que hacen todos los turistas (sticky mango rice palacio helado templo compras foto mercadillo) pero me reservé un día entero antes de tomar mi vuelo a casa. Necesitaba tiempo para PREPARARME PARA VOLVER A VER A MI NOVIO.

Es decir, tras meses de viajes de escaso presupuesto, reservé una habitación individual en un hostal; en la tranquilidad de mi baño privado me dediqué a asearme con primor, a depilarme todos los pelos culturalmente censurados, a peinarme hasta dejar brillantes todos los pelos culturalmente aprobados. Incluso me aseguré de comprar una esponja exfoliante natural para requete-frotar todo el polvo, sudores y malas experiencias del viaje. Y por supuesto adquirí ropa nueva que ponerme en cuanto bajara del avión (porque en los vuelos transcontinentales tienes que ir bien abrigado, que aprieta el frío, pero yo quería salir por la puerta de Llegadas del aeropuerto como una estrella, como si ese aspecto DIVINO fuera mi natural al despertar).

Yo SUPERNATURAL al bajar del avión

Y lo cierto es que lo nuestro fue muy bien. Durante un tiempo. Pasados los primeros románticos meses del reencuentro, los dos volvimos a nuestras viejas maneras. Porque irse de viaje no te cambia por arte magia, solo te ofrece la oportunidad de descubrir cómo eres en nuevos contextos. Y de hecho, si a lo largo de un viaje cambias, seguro será para hacerte mejor en tu nuevo contexto, no en el viejo. (Por eso, por más que pasen los años, tendemos a repetir los mismos errores en cuanto volvemos a los lugares de nuestra infancia por Navidad; o a lo máximo, nos sentimos incómodos al ver que nuestra persona ya no encaja con aquellos espacios que vieron una versión ligeramente diferente de nosotros).

Al cabo de un año mi novio y yo nos separamos. Yo tuve la oportunidad de dejar mi trabajo por una beca en China. Él comenzó una nueva vida en muchos sentidos. Los dos somos más felices ahora, nos contamos de todo y nos queremos.

Yo en mi último viaje a Bangkok, comiéndome todos los platos locales

En diciembre de 2019 volví a Bangkok. Esta vez mi tristeza no empeñaba los olores ni la comida ni la simpatía de la gente; Bangkok ya no era un estado mental sino un espacio concreto que me asaltaba los sentidos. Fue solo al reconocer los viejos lugares que recordé cómo había sido mi triste primer viaje a la ciudad, y luego pensé en qué diferentes éramos las viajeras que habían utilizado este mismo cuerpo en ambos desplazamientos. Y es que en 2019, Bangkok no era ya punto final de un viaje ni de una relación, sino una escala desde mi vida en China para emprender un viaje a la India y quién sabe a qué más destinos.

¿Esta historia tiene moraleja? Solo declarar que no creo en los viajes de reencuentro ni de descubrimiento personal, esas cuestiones se deben pensar en casa porque no puedes huir de ti mismo. Sí creo, sin embargo, en que todos los finales son comienzos.

Feliz 2020.

*Gracias a mi ex por apoyarme en la publicación de este post.

La ruta de la seda (VII): Cáucaso

En dos meses siguiendo por tierra la Ruta de la Seda, crucé desde China a las praderas de Kazajistán, trepé por las montañas de Kirguistán, recorrí en tren Uzbekistán y crucé el Mar Caspio en ferry. Al bajar del barco, tuve una clara sensación de haber dejado ya atrás Asia para entrar por fin en las puertas de Europa: el Cáucaso.

El Cáucaso es una zona de límites complejos, así que aclaro que en este artículo me refiero solo a Azerbaiyán, Georgia y Armenia.

La ruta que yo seguí, principalmente en autostop

Hablar del Cáucaso trae todavía a mucha gente recuerdos de guerras e inestabilidad política. Los países de la zona son ya, sin embargo, versiones muy diferentes y desarrolladas de las que veíamos en las noticias hace un decenio.

¿Cómo es el Cáucaso hoy para un turista? Azerbaiyán es una potencia camino al lujo y la ultracontamintación por gracia de los petrodólares. Georgia está ya en las rutas de turismo tradicional. Armenia sigue siendo aún un desconocido, bello y muy barato. Los tres países tienen servicio de transporte público muy eficiente y son paraísos del autostopista.

  • Si eres de la UE no necesitas visado para Georgia ni Armenia; solo debes obtener un visado online para Azerbaiyán.
  • Ciertas tensiones sí perduran en las fronteras, así que no puedes cruzar directamente entre Azerbaiyán/Armenia. Debes pasar por Georgia. Tampoco puedes cambiar moneda de un país en el otro, debes hacerlo en Georgia.
  • La zona en realidad contiene dos regiones más: la República autónoma de Najicheván (actualmente reconocida como parte de Azerbaiyán) y la República de Artsaj (o Nagorno Karabaj). Puedes pedir un visado para visitar esta última zona, pues de hecho Nagorno Karabaj es una zona muy bella y rica culturalmente. Además, visitarla puede ayudar a entender el conflicto que afecta a esta región independiente, habitada por azeríes pero que ningún país reconoce de manera oficial (las causas del conflicto las explica muy bien el viajero @periodistan).

Azerbaiyán

Agosto, 2019: mientras su coche corría entre campos de extracción de petróleo, la mujer que nos había recogido en la carretera presumía: «Toda la belleza de este país, se la debemos al petróleo»… Lástima que cinco minutos después, esa misma patriótica conductora nos alertara, horrorizada, de que NO fuéramos bañarnos a las playas cercanas, porque estaban demasiado contaminadas. ¡Ah, las paradojas de los petrodólares!

Azerbaiyán es un país musulmán que me atrevo a definir como el nuevo Dubái. Subido al tren de la extracción de petróleo, el país se ha convertido en una potencia del lujo en apenas diez años. Su capital, Bakú, es una París del Este donde mezquitas, murallas, rascacielos y centros comerciales de iluminación delirante compiten entre sí. Si te gusta la fiesta y los cafés híptsteres, Bakú es tu ciudad.

Además de entregarte al capuccino y las compras, puedes pasar un día en las playas del norte o sentarte en un parque y disfrutar en un picnic de la comida y oferta de vinos asequibles. Si te apetece algo más especial, el Hilton tiene un bar con terraza rotatoria (unos conocidos propusieron ir y debo decir que los diez euros aproximados por una cerveza, bien valieron la pena por las vistas nocturnas).

Si te gusta el senderismo, Bakú también es un buen punto de partida para clásicas excursiones motañesas a Quba o Khinaliq (pero no puedes combinarlas, debes ir primero a un lugar y luego al otro, o elegir). Yo hice autostop por el norte parando en la bonita Sheki (donde recomiendo no tanto su comercializado caravansar, sino su mercado local al oeste de la ciudad).

Las rutas de buses funcionan muy bien, y el autostop aún mejor. Para llegar desde Sheki a la frontera con Georgia a dedo tuve que hacer varias paradas y pagar un taxi los últimos kilómetros justo antes de la frontera, sin embargo fue una de las experiencias autoestopistas más fantásticas que recuerdo (especialmente el tramo en que unos repartidores de chocolatinas me recogieron, de modo que fuimos juntos haciendo su ruta, parando en iglesias y mezquitas a hacernos fotos juntos).

Georgia

Que Georgia es un paraíso natural y una potencia culinaria/vinícola no es un secreto para nadie a estas alturas. El país presume de montañas con glaciares cerca de los cuales se puede hacer senderismo. Además, su comida, abundante en guisos contundentes y dulces, se acompaña de interesantes vinos sin filtrar.

Tiflis, la capital de Georgia, tiene el centro urbano más bonito y disneificado que un viajero pueda disfrutar/sufrir. Desde el castillo Narikala, se observa el río Kura discurrir entre puentes de vanguardia y tejados de ensueño medieval, junto a cúpulas de saunas y carísimos baños de sulfuro. Tanta belleza viene, claro, acompañada por una marea de turistas y tiendas de suvenires que exhiben ristras de churchkhela (lo que se ve arriba en la foto, frutos secos recubiertos en jugo de frutas).

Tiflis es interesante porque tras el hiperturistificado centro, la ciudad sigue tal cual: barrios y barrios de casas con patios vecinales, un tráfico infernal y mercados de frutas y verduras tan bonitos como el Dezerter Bazar. La comida, además, es insuperable en lugares como Retro y se pueden hacer degustaciones de vino en montones de bares.

Antes de llegar a Tiflis yo hice un viaje de varios días por Telavi, la región del vino de Georgia (y mi región favorita). La ciudad de Telavi en sí es muy interesante y más tranquila que Tiflis, pero además sirve como punto de partida para visitar viñedos y hacer degustaciones. El vino georgiano se produce de dos maneras: a la europea o a la tradicional (una preparación muy antigua que consiste en poner la uva con pellejo durante un par de semanas en grandes jarras de barro, separar luego el pellejo y dejar por fin la gran jarra enterrada durante los meses de invierno bajo tierra… el resultado es un vino sin filtrar, seco, a veces muy rudo). Yo visité las comerciales bodegas Shumi (10 euros, bien los vale) y un proyecto muy especial Temi Community (una comunidad de personas enfermas o en riesgo de exclusión que con ayuda de voluntarios lucha por mantener su independencia económica creando sus propias manualidades y vinos).

La bellísima región de Mestia (y su famosa ruta de senderismo de 3/4 días de Mestia a Ushguli) merece un post entero por sí misma: es una ruta muy bella y recomendada para cualquier edad/condición, pues incluso hay hostales en los que alojarse/comer por las noches por unos 20 euros (aunque si volviera a hacerla, llevaría mi propia comida y tienda de campaña para disfrutar de más libertad… Por cierto, la foto que encabeza este post es, precisamente, un momento del tercer día de trekking). Eso sí, llegar hasta Mestia requiere tiempo (tren nocturno a Zugdidi, más cuatro horas de bus), pero la belleza de las montañas bien lo vale. Por cierto, otro punto mucho menos comercializado para hacer senderismo independiente es Stepantsminda.

Armenia

Cierto, Armenia no tiene los paisajes apabullantes ni las ciudades notables de Georgia, pero la absoluta amabilidad de la gente, lo facísilimo que es desplazarse en autostop, su interesante historia y el hecho de que sea la cuna universal del vino hicieron que este país se ganara mi corazón.

Como explicaba más arriba, no es posible cruzar desde Azerbaiyán a Armenia, ni tampoco entrar desde Turquía… así que para llegar por tierra solo puedes cruzar desde Irán o Georgia. Yo tomé un autobús desde Tiflis (Georgia) hasta las cercanías del precioso lago Sevan (unas cinco horas de viaje con un rápido paso de frontera, incluyendo parada posterior para cambiar dinero y comprar una sim).

El lago Sevan es mucho más bello de lo que yo había imaginado por las descripciones de otros viajeros. Es un pequeño mar al lado del cual se levanta el precioso cementerio de Noratus (con sus jachkars, cruces labradas en piedra, algunas antiquísimas), iglesias y casas de huéspedes tan fantásticas como The Lichk Lodge (nunca recomiendo hostales, pero esta familia es maravillosa).

Respecto a ciudades, mis recomendaciones van para Gyumri, un pequeña ciudad de arquitectura rusa decimonónica con montones de carisma, iglesias y cafés por la que pasear tranquilamente durante uno o dos días. Yereván por su parte adolece de cierta falta de carisma y monumentos propios, pero de nuevo los locales son amabilísimos y, además, es la puerta para visitar el templo romano de Garni (que es diminuto para el enorme precio de la entrada, aviso) y el fabuloso templo de Geghard (su iglesia principal está excavada en pura roca, y la luz que hasta ella se cuela parece sobrenatural).

Respecto a visitar el Ararat u otros templos como Khor Virab, mi recomendación es invertir el tiempo en cruzar el paso de montaña entre Martuni y Yeghegnadzor para visitar gratis el Caravansar Orbelian: un último resto de la Ruta de Seda conservado casi intacto debido a su aislamiento en mitad de unas montañas que permiten vistas de vértigo.

Lo que debes saber

  • Idiomas. Como en toda la Ruta de la Seda, el ruso es el idioma que te permitirá entenderte con todos (solo algunos jóvenes georgianos rechazan hablarlo para manifestarse en contra de Rusia). Bastante gente habla inglés, sobre todo jóvenes.
  • Dinero. Los cajeros en las ciudades aceptan tarjetas internacionales Visa/Mastercard y es fácil cambiar dólares o euros.
  • SIM. En cada frontera abundan tiendas de sim que puedes poner en tu teléfono y dejar funcionando al momento. Cada país y compañía es diferente pero por menos de diez euros puedes tener una sim con datos para varias semanas.
  • Desplazarse. Los autobuses/minivanes (y el tren en Georgia) son abundantes y baratos, aunque muchos sólo salen cuando se llenan y llegan a la hora que buenamente pueden. Yo principalmente me moví en autostop, que es tremendamente popular. Los camiones sobre todo paran mucho y los conductores están encantados de intercambiar historias en rudimentario rusinglés.
  • Apps. Imprescindible usar Maps.me para encontrar tu camino en las ciudades. Couchsurfing también te puede ayudar a quedarte en casa de familias locales.

¿Quieres hacer la Ruta de la Seda? En dos meses puedes viajar desde China a Kazajistán, Kirguistán, Uzbekistán y, además, cruzar el Mar Caspio en ferry.

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La ruta de la seda (VI): el mar Caspio en ferry

Si haces la Ruta de la Seda por los -istanes: China, Kazajistán, Kirguistán y Uzbekistán, hay muchos caminos que puedes tomar… pero vamos a agruparlos en dos:

La ruta sur por tierra: los viajeros que tienen la paciencia de pedir (y la suerte de obtener) una de las raras visas para Turkmenistán pueden cruzar desde Irán hasta Uzbekistán. Conseguir esta visa para uno de los países más opresivos y cerrados del mundo es un proceso kafkiano del que se discute hasta la saciedad en internet. Para referencias, Caravanistán es como siempre una fuente fiable.

La ruta por mar: otra opción atractiva y la que yo personalmente usé es cruzar el mar caspio en ferry.

¿Cómo cruzar el Caspio en barco?

Si buscas información en Internet sobre el ferry que cruza el Caspio, te vas a desanimar: no hay información oficial, solo testimonios de viajeros que han pasado hasta una semana o más varados en ciudades feas esperando la salida del dichoso barco… Pero no desesperes porque el proceso de cruce es cada vez más fácil. Esto es lo que debes saber:

  • Varios barcos unen Aktau en Kazajistán (puerto de Kuryk, casi a 80 km al sur) con Bakú en Azerbaiyán (puerto de Alat, también muy al sur). Desde Bakú hay otro ferry que cruza hasta Turkmenbashi en Turkmenistán, pero la información disponible es aún más escasa.
  • No hay cruceros comerciales en el Caspio; son barcos de transporte de mercancías. Sin embargo, puesto que ofrecen camarotes a los camioneros turcos e iraníes que llevan… también admiten a los locos mochileros que se empeñan en viajar por tierra.
  • No hay días de salida fijos, ni horarios claros. Tras llegar a la costa debes informarte de si ese día sale algún barco, luego llegar al puerto, esperar un tiempo indeterminado, comprar tu billete y partir. Hay gente que ha esperado hasta una semana, pero yo solo esperé un día (en julio de 2019, vi que había casi un barco al día haciendo la ruta).
  • El precio del barco es de 80 dólares e incluye todas las comidas.

Si viajas desde Uzbekistán-Kajistán

Aktau es, la verdad, una fea ciudad de la estepa kazaja. Así que la mayoría de viajeros llegan a ella directos desde Uzbekistán: hay un tren directo Aktau-Nukus que cubre la desierta planicie por unos 20 dólares. Son dos laaaaargos días llenos injustificadas paradas en vías muertas, controles en paso de frontera, damas locales que suben al tren para venderte comida a pleno grito, caballeros que te ofrecen cambiarte moneda en el mercado negro, colas en baño y mucho caos. Yo coincidí con dos suizos y un alemán que también se dirigian al Caspio; ni qué decir que en este viaje nos hicimos HERMANOS.

En Aktau puedes informarte aquí de cuándo sale el siguiente barco. Para llegar al puerto de Kiryk, la opción de autostop es casi imposible: el puerto es nuevo, apenas tiene tránsito y está en mitad de la silenciosa nada. Por unos 20 dólares puedes ir en taxi (recuerda que Uber funciona bien allí).

Debes esperar fuera del puerto hasta que queden solo un par de horas para la salida del barco, momento en que te dejarán entrar. Si te pasa como a mí y por motivos de último minuto no eres admitido en el pasaje… te verás fuera del puerto y a 20 km de la tienda de comida más cercana hasta la salida del próximo barco (en mi caso, casi un día de espera). Insisto: lleva mucha agua y comida contigo por si el barco sufre algún retraso.

Una vez queden un par de horas para la salida, te dejarán entrar al puerto, donde hay cantina, cajeros, servicio de cambio de dinero, baños y donde por fin podrás comprar el billete. (¿Por qué no puedes esperar dentro del puerto en vez de fuera en mitad de la nada?… Yo me lo pregunté un millón de veces mientras daba las gracias a viajeros locales que me iban donando comida al ver mi triste situación…)

Si llegas desde Azerbaiyán

Bakú es una ciudad ultradesarrollada, pero tu puerto está en la sureña Alat. Puedes llegar allí fácilmente en autobús o haciendo autostop, puesto que se trata de un puerto importante y situado al lado de una gran autovía. En el puerto de Alat hay algunas tiendas, un café y un par de cajeros así como casas de cambio, así que el cruce es más fácil.

El viaje en barco

El viaje se puede resumir en un día y medio de: viejo ferry cargado de mercancías, una zona de pasajeros habitada por de camioneros turcos e iraníes, camarotes sorprendentemente cómodos para dos o cuatro pasajeros, una dosis de mochileros internacionales, algunos marineros que se animan a practicar su inglés con los extranjeros y tres mediocres comidas al día.

Todo ello en mitad de un bellísimo mar, sintiendo la brisa en la cara.

Si tengo que resumir el viaje, solo puedo decir que fue maravilloso y lo recomiendo de corazón.

Lo que debes saber

  • Idiomas. El ruso es la lengua franca en toda esta zona, aunque en los puertos sí se habla inglés.
  • Dinero. Puedes comprar el billete en la combinación de divisas que te venga mejor. El pasaje son 80 dólares e incluye comida.
  • SIM. Fue imposible comprarla en los puertos.
  • Apps. Imprescindible usar Maps.me para encontrar tu camino.
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La ruta de la seda (V): Uzbekistán

Pocos viajes independientes más divertidos, baratos e iluminadores que la Ruta de la Seda por los -istanes: China, Kazajistán, Kirguistán y un país que está convirtiéndose en foco de turismo cultural: Uzbekistán.

Viajando por Kazajistán y Kirguistán todos los locales me habían insistido en lo tradicionales que son los uzbecos. Así, no tenía claro qué esperar al entrar a un país que, además, es gigantesco y posee zonas muy remotas. ¿Resultado? Tras dos semanas vagando sola por el país en tren, lo más peligroso que encontré fueron temperaturas de más de 40ºC. Lo demás, fueron bonitas ciudades, gente amable, mucho vino dulce y… los únicos grupos de turismo organizado con guía y micrófono que me crucé en dos meses en la ruta de la seda.

Aduanas, visados, cruces por tierra

Vas a leer por toda internet que los controles de acceso a Uzbekistán son difíciles, que te van preguntar cuánto dinero llevas, cuántas medicinas, dónde duermes… No es verdad. Ya no. Uzbekistán es un país seguro y que se está abriendo al turismo de manera rapídisima; los controles férreos de hace solo unos meses se están relajando día a día.

  • Si eres de la UE ni siquiera necesitas ya un visado.
  • Entrando por tierra desde Osh, Kirguistán (julio 2019), nadie revisó mi equipaje, ni hubo preguntas sobre medicamentos, ni dinero.
  • En los hoteles insisten en darte un justificante con las noches que has pasado allí, pues antes se requería que al salir del país mostrases dónde has dormido cada noche. Yo, sin embargo, usé Couchsurfing, me quedé con familias locales… no tenía ningún justificante y dio igual. Nadie me pidió nada al dejar el país, ni a mí ni a ningún otro viajero con que me topara. Esta molesta traba administrativa parece en desuso.

Samarcanda

Samarcanda: el corazón de la ruta de la seda. ¿No te evoca una ciudad laberíntica, llena de madrasas, pequeñas tiendas y mezquitas recónditas? Bien, pues desecha la tópica idea, porque Samarcanda es una ciudad moderna, soviética y racional. Sus grandes avenidas amenizadas con grandes tiendas de souvenires conectan grandes monumentos con grandes precios. Monumentos como las tres madrasas del Registán (en una de las cuales dos leones cazan gacelas tras dos soles zoroastrianos) son increíbles… pero no esperes una atmósfera de ciudad encantada. Al contrario, Uzbekistán es el país más popular de la ruta de la seda y Samarcanda la única ciudad donde me topé con turismo masivo de grupos de extranjeros (y los consiguientes precios inflados y taxistas avariciosos). En resumen, si esperas una aventura, este no es el lugar.

Bukhara

Dado que Bukhara (Buxoro) está solo a un par de horas de cómodo viaje en tren desde Samarcanda, la única excusa que tienes para no visitar esta maravillosa ciudad es que se hayan agotado los billetes (y eso es muy común, reserva con antelación).

De nuevo, esta es una ciudad turística, nada de aventuras. Pero el tamaño más pequeño, la tranquilidad de la ciudad, las callejuelas que todavía no han sido «limpiadas» para dejarlas bien pulidas para el turista, valen mucho más la pena que Samarcanda. Las madrasas son más tranquilas, sobre todo si dedicas dos o tres días a aventurarte fuera de las bien delimitadas calles principales y te dejas ganar por la vida local de las afueras.

Khiva

Relativamente menos turistas llegan hasta esta minúscula ciudad, porque está muy muy muy lejos de otros destinos (en tren nocturno sin aire acondicionado o en un largo viaje en taxi compartido de unas diez horas desde Bukhara) pero los monumentos, la larga historia de la ciudadela y las callejuelas retorcidas bien valen la pena: esta sí es la Samarcanda que habías soñado.

Es una visita de un día y, de nuevo, orientada al turismo de masas; la ciudad, de hecho, está siendo recuperada y prácticamente redibujada con fondos chinos, así que te aviso de que en el futuro puede que haya más de parque de atracciones que de verdadera ciudadela.

Nukus y el Mar de Aral

Nukus es la bastante aburrida capital la remotísima región de Karakalpakstan: una república independiente en el deshabitado oeste de Uzbekistán, con su propio idioma y bandera. ¿Por qué la gente se esfuerza en llegar hasta Nukus? Tres razones:

a) su importante museo de arte soviético (acumulado por pura obsesión de un coleccionista particular),

b) coger el laaargo tren internacional que después de dos días de viaje te llevará al Mar Caspio (Nukus-Aktau, en Kazajastán),

c) ir en autobús al pueblo de Moynaq para visitar por unas horas el extinto Mar de Aral.

La historia del Aral es de sobra conocida: el que fue uno de los mayores lagos interiores del mundo se fue encogiendo y corrompiendo por culpa de los constantes trasvases, la industrialización, la contaminación, las pruebas armamentísticas, la avidez por el desarrollo ciego y una triste falta de acuerdo entre todos los países que compartían este mar en miniatura. Hoy en día, en pueblos como Moynaq se pueden ver aún los viejos barcos pesqueros abandonados en mitad de un desierto sin fin, convertidos en fachadas para grafittis y refugios para fiestas de los jóvenes locales. Es un viaje triste y evocador, sobre todo si has leído el doloroso Un día más largo que un siglo de mi amado Chingiz Aitmatov.

Puedes coger un autobús para Moynaq por la mañana (tres horas de viaje), visitar un par de horas los barcos varados en la arena y volver en el mismo día a Nukus. Hay muchas compañías que organizan el viaje pero el transporte público funciona a la perfección (eso sí, ¡ve pronto a coger sitio!).

Lo que debes saber

  • Idiomas. Uzbekistán no se entiende entre sí… en el este se habla uzbeko, en el sur tayiko, en el oeste la región independiente de Karakalpakstan usa su propia lengua. Lo que todo el mundo sí habla es ruso, además bastantes jóvenes pueden manejarse en inglés.
  • Dinero. Los cajeros en las ciudades aceptan tarjetas internacionales Visa/Mastercard y es fácil cambiar dólares o euros.
  • SIM. Yo me compré una sim Beeline con datos en la misma frontera y me funcionó sin problema alguno.
  • Desplazarse. La red de trenes de Uzbekistán es tan maravillosa que incluso se pueden comprar los billetes online desde la página oficial (vas a necesitar una tarjeta Visa, sí o sí). Te recomiendo comprar con antelación para las rutas turísticas como Samarcanda porque unos días antes se agotan los billetes. Hay mucha diferencia entre los trenes de día (Talgos españoles muy modernos) y los de noche (sin ventilación, muy muy locales). También puedes ir en autobús o taxi compartido, pero en no siempre es más cómodo ni barato. Por último, en otros países de la Ruta de la Seda hice mucho autostop, pero con el tamaño de Uzbekistán, sus desiertos, temperaturas extremas y escasa población… es fácil que te encuentres tirado en una carretera en medio de la nada.
  • Apps. Imprescindible usar Maps.me para encontrar tu camino en las ciudades. Couchsurfing también te puede ayudar a quedarte en casa de familias locales.
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La ruta de la seda (IV): Kirguistán

Si acabas de llegar, echa antes un vistazo a por qué viajar por los -istanes. También puedes leer cómo viajar por la Ruta de la Seda en China. Y si solo te interesan los paisajes increíbles, las yurtas, los caballos, el senderismo y los lagos alpinos… sigue leyendo porque Kirguistán es tu país.

Bishkek

Kirguistán es el paraíso de la montaña y el senderismo; no vale la pena gastar mucho tiempo en las ciudades. De hecho, yo había calculado mi ruta de viaje ahorrándome la capital, Bishkek, pero un accidente de alta montaña (destruí mi libro electrónico en un barranco) me obligó a correr a la urbe con tiendas de tecnología barata más cercana (no sé viajar sin leer y me reservo los libros en papel para casa). Menos mal que, aunque visualmente Bishkek es poco más que un conjunto de grandes avenidas soviéticas, sí tiene el genial bazar de Osh, vida cafetera y excelentes anfitriones de Couchsurfing.
Si pasas por Bishkek, que sepas que se comunica con buses regulares con Almaty (6 horas) y también con minibuses muy frecuentes con diferentes zonas de Issyk-Kul, Kochkor (para visitar Song Kul) y Suusamyr.

Senderismo

Hay tantas zonas en las que hacer senderismo en Kirguistán y todo el país es tan hermoso… que no puedo recomendar más que ir y descubrir las zonas por uno mismo. Dejo aquí algunas ideas populares.

  • El lago Issyk-Kul es la zona más turística del país (sobre todo el norte) incluso en invierno. Al este hay montañas en las que hacer senderismo durante semanas o ir a caballo durante días. Las comunicaciones con todo el lago y alrededores de Karakol son buenas y las casas de huéspedes muy abundantes (entre 600 y 800 soms). Si viajas con niños, desde luego es la zona idea.
  • Mi lugar favorito es el lago alpino Song Kul, más pequeño y situado entre montañas nevadas todo el año. Accesible por vías turísticas desde Kochkor si lo que deseas es tener transporte asegurado o desde Kyzart si prefieres ir por tus medios haciendo senderismo. Yo hice esta ruta de senderismo: salí en minibús una mañana desde Bishkek, me planté en unas rapidísimas dos horas en Kochkor, compartí un taxi hasta el comienzo del sendero y caminé toda la tarde entre pastos y caballos hasta decidir quedarme a dormir en una zona de yurtas. Me sorprendió ser la única extranjera que vi en todo el día, pero en todo caso las familias kirguisas que plantan sus yurtas en los alrededores del lago para dejar pastar a sus animales durante el verano están más que acostumbradas a los turistas. Si quieres quedarte a cenar y dormir en una yurta (1000 soms según regatees) es tan fácil como acercarse a una e intercambiar gestos con la familia. Al día siguiente continué camino hasta el lago y acampé con vistas a las montañas.
  • Los días siguientes pasé por la región del paso de Aral-Suusamyr haciendo autostop. Me arrepentí de no haber dedicado más tiempo a esta espectacular zona de montañas rojizas. Solo cruzar la vieja carretera te planta en un paisaje marciano que tal vez tenemos más asociado con Islandia que con Kirguistán.
  • También hice senderismo en el lago Sary Chelek, aunque hay tantas limitaciones para acampar que no lo recomiendo a extranjeros (yo lo conseguí porque estuve con una familia local que me recogió en autostop y que, como más tarde descubrí, ¡pagó por todos el soborno que nos pidieron para poder acampar!).
  • En el camino hacia el sur del país hice una parada un tanto improvisada en el pueblecito de Arslanbob (un trozo de Suiza habitado por uzbecos) y me quedé enamorada de la gente que vive allí (¡una familia me vio en el campo, me llamó y me invitó a comer con ellos así sin más!). Se pueden hacer rutas de varios días e ir acampando si vas con tu propia tienda.
  • Por último, al sur de la ciudad de Osh está el pico Lenin, el más alto del país, y en toda la zona se pueden hacer excursiones de alta montaña.

Lo que debes saber

Idiomas. El sur del país es conocido por ser mucho más religioso que el sur, mientras que en el norte la influencia soviética es evidente. De hecho, el norte de Kirguistán habla ruso en su mayoría mientras que el sur tiende al kirguís; tanto es así que a veces la gente de mediana edad tiene problemas de comunicación dentro del propio país. En cualquier caso, se puede decir que casi todo el mundo habla ruso y kirguís (que está emparentado con otras lenguas túrquicas, así que si hablas turco, te vas a poder entender con la gente), además bastantes jóvenes pueden manejarse en inglés.
Dinero. Los cajeros en las ciudades aceptan tarjetas internacionales Visa/Mastercard/Unionpay y es fácil cambiar dólares o euros.
SIM. Yo me compré una sim con datos en la misma frontera y me funcionó hasta en pueblos, pero desde luego no en la montaña.

Desplazarse. puedes usar autobuses, minibuses compartidos (las omnipresentes masrutkhas, que solo salen cuando se llenan y sin horarios fijos) o autostop. Por supuesto no te recomiendo hacer autostop si no te sientes cómodo con ello, pero dado que estamos hablando de un país donde las comunicaciones son tan malas que (a fecha de 2019) ni siquiera hay buses que unan las ciudades más importantes, diría que en algunos casos es casi imprescindible (o solo sustituible por taxi privado). Por favor, recuerda que en esta parte del mundo todos pagan por ser llevados: a veces el conductor (que tiene calados a los begpackers) te puede proponer un precio al subir y tú regatear, pero otras veces se espera que al final del viaje tú saques del bolsillo 100/300 soms y los ofrezcas «en compensación por la gasolina».
Apps. Imprescindible bajar 2GIS para utilizar el transporte público en las ciudades y Maps.me para encontrar tu camino en las montañas.

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La ruta de la seda (III): Kazajistán

Si acabas de llegar, echa antes un vistazo a por qué viajar por los -istanes. También puedes leer cómo viajar por la Ruta de la Seda en China. O incluso tal vez quieras saber ¿quién soy yo?

Kazajistán es un gigantesco país ocupado sobre todo por estepas que parecen no tener fin. Si lo miras en un mapa, te sorprenderás de la cantidad de territorio que ocupa y lo poco que sabemos de él; a la mayoría, nos suena sobre todo por el desaparecido mar de Aral, por la estación espacial de Baikonur y por las extravagancias arquitectónicas de Astaná (capital reconvertida en Nur-Sultán en honor y gracia de su casi eterno expresidente, que ha tenido el detalle de dimitir dejando al país ansioso por más cambios).

Almaty

De primeras, no me suelen interesar demasiado las ciudades, prefiero los pueblos o la naturaleza, pero hasta a mí Almaty me pareció una ciudad con personalidad, un cruce interesante entre lo soviético, lo asiático y lo europeo (una definición que, por cierto, sirve bastante también para los kazajos mismos: unos rubísimos, otros de aspecto totalmente chino, los otros morenos y con ojos rasgados pero verdes… vamos, tal vez la gente de aspecto más diverso del mundo).

En Almaty no hay grandes atracciones pero es genial para pasear, tomarse unos cafés y echar unas horas en los baños públicos de Arasan: por muy poco dinero (precio según día y hora) te puedes pasear desnudo por saunas turcas, darte unos cubazos de agua frías, hacerte unos largos en la piscina y frotarte con ramas olorosas hasta quedarte más exfoliado que un bebé (ojo, parejas, en estos baños rige la separación por sexos, así que es más una experiencia para ir con amigos del mismo sexo o darse un caprichazo una sola, como hice yo).

Puedes usar Almaty como punto de acceso/llegada a China. Los buses o trenes que conectan Almaty (Kazajistán) y Urumqi (China) ofrecen tal vez la ruta internacional para entrar en China por tierra con menos líos burocráticos. Mi tren salió un sábado noche desde Urumqi, llegó el siguiente domingo noche a Almaty y entre tanto paró unas seis horas en la frontera, sin más motivo aparente que molestar a los viajeros, pero la verdad es que fue un trayecto confortable y con paisajes interesantes.

El sureste

Kazajistán, como decía, es gigante y está bien conectado por tren. De primeras, había pensado pasar por Turkestán, pero mis planes cambiaron y me quedé en la parte más turística del país: el Este. Allí está el Parque Nacional de Altyn Emel (mejor para visitar si tienes coche propio), el cañón Charyn y los lagos alrededor del pueblo de Saty.

En el Este yo me moví sobre todo en bus, taxi compartido (vas a la estación de bus, dices donde quieres ir y una nube de conductores te dirigen a una furgoneta que sale cuando está llena) y autostop (en esta parte del mundo, los locales hacen autostop continuamente pero pagan siempre al conductor; no esperes un trato especial por ser extranjero, no seamos begpackers).

Para llegar al cañón Charyn no hay autobuses, así que un taxi compartido me dejó en un pueblo cercano y después hice autostop (mi primer coche resultó ser el de un grupo de amigos donde hasta el conductor iba bebiendo cervezas… fueron muy amables e insistieron en darme sus contactos por si tenía algún problema, pero me bajé del coche lo antes posible). Charyn es un cañón bastante vistoso y aislado con una zona de acampada preciosa donde puedes pasar un par de días explorando y hasta hay un bar en el que comprar agua si te quedas sin ella.
Haciendo senderismo por Charyn yo me dediqué a ignorar los carteles de ¡peligro! hasta que llegué a una grieta por la que, horror, cayó mi móvil; lo pude recuperar sano y salvo pero en el proceso casi me rompo la crisma, me rasguñé hasta el alma y reventé mi libro electrónico, así que aprende de mis errores y ten cuidadito.

Estando en Charyn me uní a un par de belgas que me llevaron hasta el pueblo de Saty, donde nos quedamos en una casa local de las montones que hay para protegernos de la lluvia nocturna (por 8.000 som te dan cama, cena y desayuno). Desde allí las atracciones principales son el lago Kaindy y, mis favoritos, los lagos de Kolsay. Desde Saty necesitas un taxi compartido o un poco de autostop para llegar hasta el primer lago Kolsay, pero luego puedes hacer senderismo durante unas tres o cuatro horas hasta llegar al segundo lago, el más grande y bello. Allí puedes acampar de nuevo para volver al día siguiente.

Desde Saty puedes arriesgarte a seguir al este para cruzar a Kirguistán (pero asegúrate de que el paso está abierto, pues no es muy transcurrido) o volver sobre tus pasos y regresar a Almaty para explorar el resto de Kazajastán o cruzar a Kirguistán por la cómoda frontera entre Almaty-Bishkek.

Lo que debes saber

Idiomas. Todo el mundo habla ruso y kazajo (que está emparentado con otras lenguas túrquicas, así que si hablas turco, te vas a poder entender con la gente), además algunos jóvenes pueden manejarse en inglés.

Dinero. Los cajeros aceptan tarjetas internacionales y es fácil cambiar dólares o euros. No es un país caro para estándares internacionales aunque el alojamiento puede llevarse una buena parte de tu presupuesto (8.000 soms por noche en casa de huéspedes familiar con cena y desayuno en 2019).

SIM. Yo me compré una sim con datos nada más entrar al país y me funcionó a la maravilla… hasta que me alejé unos kilómetros de la ciudad; vamos, que creo que no he visto un país donde internet móvil sea taaan barato y la cobertura taaan mala.

Desplazarte. Alquilar un coche sea tal vez la mejor manera de explorar este enorme país, aunque aviso que puedes esperar ser parado por la policía de manera aleatoria y deberás mantenerte firme si no quieres pagar un soborno tras otro.

¡Apps! Imprescindible bajar 2GIS para utilizar el transporte público en las ciudades y Yanta por si necesitas un taxi.

¡Sigue leyendo sobre la Ruta de la Seda y Kirguistán!

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La ruta de la seda (II): China

¿Por qué viajar por la Ruta de la Seda? ¡Lee esto primero! Y luego sigue leyendo más abajo para descubrir qué visitar en la etapa china de la ruta.

Xian

Xian es el origen/final de la Ruta de la Seda. Situada en plena mitad de China, es una de sus ciudades más antiguas y está bien conectada con Pekín y Chengdu (la ciudad de los pandas) por tren rápido.

Vivo en Xian desde hace un año, así que conozco bien la zona y puedo asegurar que muchos vienen a Xian por los guerreros de terracota pero se van con el recuerdo de la ciudad antigua y la comida de su barrio musulmán.

Xian fue la antigua capital de China en los tiempos de su fundación (la paz del oeste, significa su nombre) y durante algunas de sus más gloriosas dinastías fue una ciudad riquísima. Si te interesa la historia, que sepas que alrededor de la ciudad abundan las tumbas y restos arqueológicos (por ejemplo, la tumba de una famosa emperatriz de China). Los guerreros de terracota, el ejército con el que el primer emperador quiso enterrarse, es solo la parte más espectacular de un museo enorme donde también se pueden visitar montones de restos muy interesantes. Eso sí, ninguna de estas tumbas está dentro de la ciudad, hay buses baratísimos que te llevan allá desde la estación de trenes central, pero necesitas dedicarle un día por lo menos.

De todos modos, lo mejor de Xian para mí es su barrio musulmán, combinado con una vuelta en bici por sus murallas. En Xian viven sobre todo musulmanes de la etnia hui, que además de tener unas preciosas mezquitas-pagoda en la ciudad vieja, son amados en todo el país por su cocina: una fusión perfecta entre lo chino y lo musulmán donde el cerdo se sustituye por cordero, abundan los dulces, el zumo de granada, los noodles de todas longitudes y sabores que vienen directamente de la propia ruta de la seda. Otras especialidades famosas de la ciudad (como el roujiamo, la hamburguesa china) son también dignas de hincar el diente.

Gansu / Xinjiang… y más allá

Opción 1: para entrar en Asia Central, desde Xian es posible coger un tren nocturno hasta la preciosa ciudad de Kashgar (más de 24 horas de viaje), en la provincia de Xinjiang. Desde allí, tras disfrutar la zona, podrás cruzar por carretera el espectacular paso entre el Pamir, para ver las montañas en toda su belleza y llegar hasta Kirguistán (en la imagen abajo, flecha roja).

Opción 2: desde Xian es posible tomar un tren a la ciudad de Lanzhou (unas dos horas en tren rápido) e ir parando en el corredor de Gansu, que es el verdadero camino que tomaban las caravanas de la ruta de la seda. A medio camino entre lo desértico y las estepas, se puede ir parando para ver restos de la antigua muralla china y pinturas como las de Dushan. Esta ruta lleva hasta Urumqi, de nuevo en la provincia de Xinjiang, donde es posible comenzar tomar un tren internacional hasta Almaty (Kazajistán). Son unas 30 horas de viaje (unos en la imagen, flecha verde).

¿Qué ruta recomiendo? Ahhhh… ambas son excelentes pero depende de la situación.

Gansu y Xinjiang son zonas de tradición musulmana donde se une lo chino con el Asia Central propiamente dicha. En Xinjiang sin embargo la situación es muy delicada por las reclamaciones de independencia de la etnia Uigur y la represión que el gobierno chino lleva poniendo en marcha desde hace mucho, pero que se ha intensificado en tiempos recientes. La primera vez que viajé a Xinjiang hacia el 2016 me sentí siempre segura, pero según me acercaba cada vez más a las fronteras con Afganistán y Kirguistán, los controles que tenían que pasar los locales se iban multiplicando. La complejidad de esta zona, clave para el comercio con los países de la Franja y la Ruta, hace que todo cambie rápidamente y que sea importante informarse e informar a otros de lo que está sucediendo.

En junio de 2019 una amiga cruzó la frontera desde Kashgar (China) a Kirguistán por carretera, aunque tuvo que pasar un día entero de controles que incluyeron registro de equipaje. En julio de 2019 yo crucé en tren la frontera entre Urumqi (China) y Almaty (Kazajistán): un tren cómodo y sin control de equipajes pero en el que aún permanecimos seis horas en la frontera entre controles y ajustes en el tren.

Lo que necesitas saber

¿Cómo comprar los billetes de tren? Si eres extranjero y estás fuera de China puedes usar servicios como este. Si estás en China, puedes acercarte a la estación de tren directamente con tu pasaporte y hacer cola. Sobre la experiencia general de viajar en tren en China: recuerda llevar contigo mucho papel higiénico. (OJO: el billete de tren internacional de China hacia Kazajistán es más complicado de comprar y aunque estés en el país, vas a necesitar casi seguro un agente. Yo he usado este servicio y me fue bien).¿Cómo tomar el tren? Instrucciones.

Apps: baja una VPN antes de entrar en China si quieres usar Google y usa Maps.me para poder encontrar tu camino en el país.

¿Por qué viajar por la Ruta de la Seda? ¡Lee esto!

En breve, más noticias de la ruta de la seda: Kazajistán. Además, la historia entera del viaje está en este hilo de Twitter.

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La ruta de la seda (I)

Llevo años viajando sola: Rusia, Japón, Estados Unidos, Filipinas, Australia, China… Pero un invierno fui a Irán.
Para tranquilizar a mis amigos, empecé a narrar en Twitter qué veía y cómo me sentía. Cierta mañana volví de acampar en el desierto y descubría que tenía dos mil seguidores más.
Entonces empezaron a llegarme muchas preguntas y para darles respuestas abrí este sencillo blog en el que añadí un botón de «Invítame a un café«.
Y resultó que sí recibí invitaciones a cafés, incluso a alguna cena; resultó que había gente interesada en lo que yo escribía; y lectores que no podían donar o preferían no hacerlo pero da absolutamente igual porque me hacen llegar su apoyo con todo tipo de mensajes cariñosos.
Así que ahora me siento feliz por viajar, y también por tener la responsabilidad de contarlo. Esta será la primera vez que pruebe a viajar y escribir al mismo tiempo… probemos.

¿Por qué la ruta de la seda?

¿Por qué viajar por la Ruta de la Seda? Para poner por fin «cara» a todos esos «-istán» que nos resuenan en la cabeza y que no sabemos ni poner en un mapa. Porque es seguro, culturalmente interesante, porque hay muchos proyectos de turismo comunitario donde los locales deciden qué tipo de turismo quieren y son ellos quienes se quedan con el dinero.

En mi caso, también, porque vivo en Xian, China, el comienzo/final de la vieja Ruta de la Seda. Tengo vacaciones de verano y en vez de coger un avión, voy a tratar de recorrer toda la distancia que pueda por tierra para volver a casa y pasar unos días con mi familia.

¿Qué países incluye? La Ruta de la Seda no es una, igual que el Camino de Santiago empieza en mil sitios diferentes. Una ruta clásica es desde Estambul, pasando por el norte de Irán, Turkmenistán, Uzbekistán, Kirguistán y China (he conocido quien la ha hecho en bici, incluso). En mi caso mi camino empieza en China: desde Xian (la ciudad de los guerreros de terracota), sube por el corredor de Gansu, pasa por Xinjiang, cruza a Kazajastán en tren, luego a Kirguistán, Uzbekistán y, con un cruce por el Mar Caspio, entra en Azerbayán, Georgia y Armenia.

Kazajistán, Cañón Charyon

¿En serio puedes viajar por ahí? ¡Si eres mujer y vas sola! Todos los países que he mencionado arriba son bastante seguros para el viajero y la herencia posoviética hace que haya una fuerte tradición de independencia femenina… otra cosa es que estos estados sean buenos/justos para sus ciudadanos: de ese privilegio es fundamental que nos demos cuenta y lo expongamos.

¿Visas? Salvo por Turkmenistán, el resto de países está abriendo cada vez más las regulaciones. Yo, como europea, solo pedí un visado online para Azerbayán.

¿Qué se habla? Cada país habla su lengua de la mayoría étnica (kazajo, kirguís, etc.) y ruso. Si puedes hablar un poquito de ruso será de gran ayuda, pero muchos jóvenes pueden hablar algo de inglés.

¿Información? Está la guía por países de Randt y, más que cualquier otra, esa joya web que es Caravanistan (con especial atención al pozo de sabiduría que es su foro).

Este primer post lo escribo muy al comienzo del viaje. Al final haré algunos otros comentarios sobre lo mejor, lo peor y los consejos. Si os interesa, la historia entera está en este hilo de Twitter.

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