Este de Australia I: Lo que debes saber

Este de Australia I: básicos / (pronto también… Este de Australia II: Playas) /  (pronto también… Sidney)

Australia no es un país, es un continente GI-GAN-TE… y vacío. Las playas desiertas se suceden una tras otra, cada bosque y desierto está habitado por animales asesinos y en pocos lugares se puede sentir la naturaleza en estado tan salvaje. Pero no todo es maravilloso en Australia.

No te lances a viajar sin entender lo ENORME que es Australia.

Como europea, me cuesta impresionarme por catedrales, museos u otras obra de arte humanas. Sin embargo, me emociono hasta las lágrimas cuando veo animales salvajes en plena carretera, árboles ancianos, naturaleza intacta. Europa es un continente donde hemos cultivado hasta el último rincón, no queda nada salvaje; por el contrario, en Australia, todo bicho viviente te puede matar.

Ve a la playa pero no te bañes, ¡es temporada de medusas asesinas!

Me lo tomé a broma… era verdad.

Ruta: Si tienes la posibilidad de adquirir una Working Visa y viajar por seis meses o más en Australia, es lo ideal. Yo tuve suerte y con un mes pude recorrer la costa Este. Elegí esta parte porque viajaba sola y es la única que se puede recorrer en transporte público. El resto del país es salvaje y necesitas alquilar una campervan para recorrerlo (opción cara, pero estupenda si vas con amigos y mucho tiempo).

En un mes viajé en autobús de Cairns hasta Sidney. Podría haber llegado a Melbourne pero siempre me gusta viajar despacio y pasar más tiempo en playas que en ciudades. Fui parando en Townsville, The Whitsundays (donde pasé varios días en un barco), Byron Bay y otros pueblos.

Transporte: Por la costa hay compañías de autobuses con billetes abiertos: puedes viajar de Norte a Sur o al revés, ¡parándote donde quieras!, solo con cerrar el trayecto con un día de antelación. Todo el mundo usa la opción premium, Greyhound, pero yo opté por Premier porque son más baratos y me fue fantástico.

Dinero y alojamiento: Australia es un país MUY caro. Yo me moví, como siempre, en hostales de habitación compartida y todos estaban entre los 15-25 AUD. Pude usar Couchsurfing en ciudades como Cairns y Sídney, pero Couchsurfing no funciona bien en Australia porque: 1) un montón de hombres lo usan como red de ligue más que de hospitalidad, 2) en la costa muchos anfitriones son nudistas, así que en sus casas los invitados también deben ir desnudos (si crees que no vas a estar agusto, ¡piensa muy bien antes de aceptar!).

Dinero y comida: ¿Hace falta decir que es muy cara? Yo comí en casa de gente local, no pisé un restaurante y preferí ir siempre a supermercados, porque todos los hostales tienen grandes cocinas equipadas. La comida australiana no tiene nada de especial, más allá de las barbacoas (las hay públicas en cada esquina). Eso sí, ¡alegría!: la carne, la leche, el vino, la verdura… son de muy buena calidad y saben naturalmente ricos. Si eres adicto al café, como yo, enhorabuena y bienvenido a la tierra inventora del White Flat (5 AUD).

Más: Si lees un poco sobre la historia de Australia o mejor, ves esta película, sabrás que los aborígenes australianos están todavía muy discriminados, viven en comunidades empobrecidas en algunas regiones y participan como «actores exotizados» en algunos tours para turistas (¡huye!). No hay un solo restaurante donde puedas probar su comida y, por desgracia, están ausentes de la vida urbana.

En Australia me sentí unida a la naturaleza salvaje del país, pero me crispó que es la tierra de los mochileros horteras. Hordas de chavales recorren la cosa cargados con equipajes gigantes y dispuestos a gastarse todo su dinero en buceo, barcos, fiestas, alcohol… Bien por ellos. Como este rollo de turismo masivo me espanta, tuve que apañarme para encontrar lugares tranquilos y usar la Lonely Planet como referencia de donde NO ir. En retrospectiva, creo que esta experiencia me valió para aprender mucho sobre los demonios del turismo moderno y cómo puede llegar a quemar un país (por ejemplo, la Gran Barrera de Coral, arrasada por la brutal cantidad de barcos turistas que la alcanzan).

¿A continuación? ¡A recorrer el camino!

Filipinas III: De isla en isla

Filipinas I: Palawan / Filipinas II: Festivales / Filipinas III: De isla en isla

Recorrí Filipinas durante cuatro semanas sola sintiéndome feliz y segura. Desde Palawán tomé un vuelo al festival de Kalibo y de ahí pasé en barco a Guimaras, Negros y Bohol.

Guimaras: Es una isla muy pequeña, verde, rural. Ideal si eres un amante de la bici: la puedes recorrer en círculo en dos días haciendo noche en tienda de campaña u hostal. Es una isla todavía poco desarrollada de cara al turismo y cuando yo la visité (2017) los niños corrían por los patios de los colegios para pegarse a las ventanas y saludarme todo sonrisas, porque era raro ver un extranjero. ¡Ojo! El rango de comida y cajeros es limitado porque las conexiones con otras islas son muy malas.

Tuve que alargar mi estancia en Guimaras tres días porque los ferries no salían debido al mal tiempo (este es un problema muy común en toda Filipinas, ten cuidado). Aun así, en esta isla pasé algunos de los días más felices de mi viaje: circulando en bici por campos, charlando con los dueños de mi pensión, comiendo huevos rosas (indica que están cocidos y salados) y topándome con montones de gallos de pelea espectaculares (por desgracia, las peleas de gallos son deporte rey todavía hoy en la zona).

Negros:  Estaba loca por poder ir al corazón de la gran isla de Negros y hacer senderismo en Canbalaon o en Kabankalan, pero el mal tiempo me dejó en las llanuras. Afortunadamente, en Negros hay autobuses públicos muy baratos que circulan por la isla de la noche a la mañana; total, que me pasé unos cuantos días montando en uno tras otro y parándome en los pueblos que me iban apeteciendo. ¡No tengas miedo de plantarte en la carretera y parar el siguiente bus!

En Negros hay espectaculares playas en Sipalay, aunque yo acabé en la zona de Dumaguete haciendo snorkelling (estuvo bien, pero en Palawan fue más barato) y visitando la cascada de Casarolo (pequeña, pero divertida porque los locales hacen picnics allí).

Bohol: Si solo vienes aquí a ver las famosas Chocolate Hills, ahórrate el viaje porque están sobrevaloradas, a menos que te alquiles una pequeña moto y las recorras de forma independiente. En la isla no hay mucho que hacer en cuanto a actividades y está más desarrollada que otras donde no te cruzas con tantos turistas. Sin embargo, si encuentras una cabaña recóndita y una moto, puedes hallar ríos y montañas tan bellos como en todo el país.

Cebú: En Filipinas me parece que lo mejor es evitar las ciudades, pues son ruidosas y están contaminadas. Yo paré varios días en Cebú para coger un vuelo y para disfrutar de la compañía de mis dos generosos anfitriones en Couchsurfing. En su casa de las afueras hice genuina vida filipina: ir a pasar el día al centro comercial para disfrutar del aire acondicionado y ver Miss Universo (la pasión de los filipinos por los concursos de belleza es legendaria, ¡la ciudad se queda vacía de verdad!).

Más trucos: todo lo relacionado con la belleza en Filipinas es muy barato: puedes cortarte el pelo con un maestro peluquero por muy poco dinero o hacerte unas gafas nuevas bonitas y baratas. ¡Aprovecha!

¿A continuación? Había partido desde la isla Palawan. Y desde Cebú volé con Air Asia (la compañía bajo coste de Asia) para comenzar un mes de viaje en Australia. ¡Próximamente lo contaré!

Filipinas II: Festivales

Filipinas I: Palawan / Filipinas II: Festivales / Filipinas III: islas

Recorrí Filipinas durante un mes sola sintiéndome feliz y segura en todo momento. Y cuando desde Palawán tomé un vuelo a Kalibo (isla de Panay) no tenía ni idea de la GRAN FIESTA de colores y música que me esperaba en esta suerte de gigantesco Carnaval: Ati-Atihan.

Ati-Atihan en Kalibo… la mejor fiesta de toda Filipinas

Los festivales son lo mejor de Filipinas, te animo a que hagas coincidir tu viaje con alguno. Yo tuve suerte y en pleno enero llegué al más salvaje de todos: Ati-Atihan.

¡Viva Ati-atihan! ¡Viva Kai Señor Santo Niño!

¿Qué es Ati-Atihan? Es una fiesta de Filipinas, típica de Kalibo, donde todo el mundo se pinta la cara de negro, se pone alucinantes trajes de colores, pasea imágenes del Niño Jesús vestido como un muñequito y se baile a muerte. ¡No hay palabras para describir el ambiente!

¿Qué se celebra? El festival es un cruce entre ceremonias de paz aborígenes muy antiguas y añadidos misioneros cristianos posteriores. Por ello, en día, por las mañanas hay misas masivas en la plaza (muy interesantes culturalmente), y por la noche corre el ron y la cerveza a raudales mientras el baile en la plaza pública no para. Por si no tuvieras suficiente fiesta, las noches suelen acabar en algún karaoke de barrio (ojo: los filipinos se toman el karaoke muy en serio).

¿Cuándo es? El tercer domingo de enero, en Kalibo (isla de Panay).

Precios: Reservar una habitación en Kalibo en el festival es difícil porque montones de filipinos acuden. Yo tuve suerte y tras mucho investigar conseguí una habitación compartida en una casa privada a través de Booking (30 euros la noche, de largo lo más caro que hice en Filipinas). Quedarse con una familia fue lo ideal porque acudimos juntos al festival y me explicaron montones de cuestiones culturales. Respecto a comida y bebida, los precios son estándares (unos 5 euros por una cena en un restaurante local).

Una vez en el propio Kalibo, usé la opción Hangouts de Couchsurfing para encontrar gente que quiere quedar; así pasé las siguientes noches bailando con un Canadiense y un Filipino que estaba viajando por su propio país. ¡Esta opción de Couchsurfing es bastante útil si quieres encontrar gente mientras viajas!

Otros festivales: Otros carnavales parecidos son Sinulog en Cebú y Dinagyang en Iloilo City, aunque son festivales más grandes y donde hay menos posibilidades de mezclarse con la gente en plena calle.

¿A continuación? Llegué al festival desde Palawan. Y a continuación pasé a la isla de Guimaras, Negros y Bohol. ¡Sigue leyendo!

Filipinas I: Playas de Palawan

¿Por qué viajar a Filipinas?

Filipinas I: Palawan / Filipinas II: Festivales / Filipinas III: islas

Porque cuando piensas que conoces Asia, llegas a Filipinas y te descubres en una suerte de Caribe asiático: iglesias cristianas en vez de templos budistas, caña de azúcar, plantaciones de aire español, bailes, procesiones, karaokes y bien de alcohol. Además, el inglés es idioma oficial y resulta fácil moverse en transporte público entre islas.

Seguridad: Viajé sola por Filipinas durante casi un mes, me alojé en hostales y en Couchsurfing, comí en puestos callejeros, viajé en avión, bus, ferry y bici… y me sentí segura en todo momento y ocasión. Aunque sí evité dos sitios: la capital, Manila, y el archipiélago de Mindanao (donde hay un conflicto religioso y de narcotráfico).

Recorrido: En mi recorrido atravesé Palawan, Panay, Guimaras, Negros y salí por Cebú. Mucha gente también explora el norte de Luzón para hacer senderismo.

Precios: Es un país barato y muy adecuado para el turismo de playa (noche en un dorm, unos 6-8 euros; hab. privada unos 15 euros). Eso sí, viajar entre las muchas islas de Filipinas implica comprar vuelos o moverse en ferries (que no son baratos, y muchas veces no parten por tifones en el mar). Reserva dinero para pagar tasas inesperadas en aeropuertos y para volar entre islas. 

Comida: Todo en Filipinas me encanta… salvo tal vez la comida callejera, que aunque desde luego diferente en cada isla suele consistir en: una montaña de arroz blanco, un guiso de cerdo, escasos vegetales y motones de refrescos ultrazucarados. Por más que en Palawan puedes conseguir buen pescado a pie de chiringuito callejero o sopas de hortalizas, en general me pareció un lugar tremendamente hostil para veganos.

Palawan

A la preciosa isla de Palawan la llaman «la nueva Bali» por sus playas y arrecifes. Yo entré por el aeropuerto de Puerto Princesa y me monté en una minivan que cuatro horas después me dejó en el pueblo de Port Barton.

Mi idea era recorrer la isla, moverme, llegar a El Nido (la capital de la fiesta y los mochileros)… pero me quedé en Port Barton durante una semana teniendo las mejores y más baratas vacaciones que podía soñar. Sin electricidad durante el día, mala wifi, pocos bares, montones de barcas que te llevan a hacer snorkeling y cama en un dorm por unos 6-8 euros la noche, Port Barton es calma y buenos precios.

Por poco dinero puedes irte a hacer snorkelling (todas las guesthouses te lo organizan) y, cogiendo un minivan, en unas horas puedes llegar a El Nido y hacer buceo en serio.

Además, mientras te relajas en Palawan puedes observar ya esos clásicos filipinos: omnipresentes matrimonios de occidentales mayores con jóvenes filipinas, cafés ultrahípsteres llevados por newyorkinos veinteañeros en mitad de poblachos costeros…

También atisbé enseguida la pasión filipina por Duterte, ese peligroso presidente que se jacta de matar narcotraficantes en persona pero que tan popular resulta por su guerra contra la droga y por firmar tratos de inversión masiva con China (más sobre esto en la tercera parte de esta serie sobre Filipinas).

Después de Palawan, cogí un vuelo desde Puerto Princesa hasta la isla de Panay, aeropuerto de Kalibo, para disfrutar de lo mejor de Filipinas: los festivales. Lee la siguiente entrega para enterarte de qué no puedes perderte en Filipinas.

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¿Quién soy?

El que viaja acompañado tiende a comentar lo que ve de extraño en otros países. El que viaja solo descubre que el extraño es él. 

Cita libre inspirada en Vila-Matas

Mi padre fue agricultor y luego obrero en una fábrica; mi madre, ama de casa y limpiadora; mi hermano conduce autobuses; mi hermana es la primera de la familia que fue a la universidad y es funcionaria; yo estudié gracias a becas, me doctoré en literatura, fui editora y ahora profesora de universidad en China.

Como veis, no vengo de una familia rica ni tengo herencias. ¿Cómo puede ser que viaje tanto? Pues porque el turismo es un lujo; sin embargo viajar es una afición costosa pero accesible.

Primero, vivo y trabajo en China desde años. Además, mis aficiones se resumen en viajar, así que ahorro lo que puedo en otros lados. También me desplazo con un pequeño portátil y acepto trabajos freelance mientras.

Segundo, evito los viajes cortos para tratar de ahorrar y viajar durante meses. Con lentitud. Cuando estoy en el camino, siento que lo más memorable nunca son los palacios, ni monumentos, ni esos «imprescindibles» que se ven rápido pagando entrada. Lo más memorable de un viaje son los momentos que pasaste con gente que conociste, ese día en que comiste con una familia local, etc.

Tercero, tiendo a usar redes de hospitalidad como Couchsurfing o dormir en hostales en habitaciones compartidas. También confío en transportes públicos. Contacto gente local en vez de guías para que me ayuden a conocer sus ciudades. Para mí esto es mucho más que un método de ahorrar: creo que viajar sola no es solitario, es más fácil conocer gente nueva que cuando viajas con tu grupo de amigos.

Por último, amigas, no tengáis miedo de viajar solas. El mundo es más seguro y la gente más amable de lo que las cadenas sociales nos quieren hacer creer para tenernos quietecitas.

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